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miércoles, 11 de febrero de 2009

Flannery O'Connor, Letters from Andalusia.

En 1957 Flannery O'Connor participó en la Southern Writers' Conference y dio una charla que luego se transformó en el ensayo Writing Short Stories, publicado póstumamente en 1969 en el libro Mystery and Manners: Occasional Prose. Por lo visto resulta muy difícil conseguir en internet el texto completo del ensayo, tanto en inglés como en español. Con muchos esfuerzos lo puede uno leer en Google Books, que va mostrando páginas o líneas de libros que sólo pueden verse parcialmente. Circulan en español, un poco virulentamente, una o varias versiones de un resumen que no cubre ni la décima parte del ensayo.

Hasta aquí hemos publicado una traducción íntegra del texto original, dividida en 6 partes. Nos hemos enterado de que la Conferencia tenía también mucho de taller literario: O'Connor había recibido para leer algunos cuentos de los participantes, con la idea de que ajustara sus comentarios de forma que pudiesen serles útiles. Una experiencia, la de leer los cuentos —dice O'Connor a su auditorio—, que la puso un poco de los nervios.

Para ver el lado menos público del asunto, en este último post figuran algunas cartas en donde O'Connor explica cómo fue eso de la Southern Writers' Conference, con viejas que escribían literatura escabrosa con una mano y libros devotos con la otra, y un fanático religioso que citaba a Dickens y odiaba a todas las literatas.

Las tres cartas refieren la misma situación a tres corresponsales diferentes: Thomas Stritch, profesor en la Universidad de Notre Dame, en Indiana; Cecil Dawkins, escritora; y "A", primera letra del abecedario. Thomas Stritch murió en el 2004, a los 91 años; Cecil Dawkins aún vive —nació en el estado de Alabama en 1927. De "A" no he averiguado nada.

Cada carta describe cosas diferentes. La tercera, que es la más reservada en cuanto a la identidad del corresponsal, es la más explicativa de todas. El efecto de las tres cartas es similar, aunque más sutil, que el de esos cuentos que consisten en las narraciones separadas que, de un mismo hecho, hacen varios testigos.

En general las cartas me resultaron más difíciles de traducir que el Ensayo. De muchas expresiones no estoy seguro. En algunos casos he sospechado que se trata, no de misteriosas formas dialectales empleadas por la gente Georgia, sino de alusiones a cosas o hechos no mencionados abiertamente y que no tienen nada que ver con el asunto principal. Esa es, por ejemplo, la interpretación que le doy a las "sixty nuns" de la primera carta. Entre aciertos y errores, no dejo de felicitarme por haber presentido que el viejo de Louvail, el odiador de literatas que era también un "wool hat boy", no gastaba necesariamente pasamontañas ni gorra de lana, sino que "wool hat boy" denomina a una clase social de los estados del Sur.

Testigos mudos y aterrorizados, los originales en inglés de las cartas se incluyen en su debido lugar. Desconfiad de todo, absolutamente.

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Writing Short Stories (cartas)

1) Para Thomas Stritch
1 de Agosto del 57

Si hubiera dicho que la vieja gente iba a escribir épica en dialecto negro, hubiera estado del todo equivocada. Ya no saben que el Sur existe. Están todos escribiendo historias para la televisión escritas en lenguaje televisivo, y están todos completamente locos, y así quedé yo al cabo de tres horas.

Mis peregrinaciones me han llevado este verano hasta Atenas, Georgia, donde hablé en una sesión de algo llamado La Conferencia de Escritores del Sur. Con todo, era yo una de las presencias menores. Las principales atracciones eran La Agente De Nueva York Que Vendió Para El Cine Lo que el Viento se Llevó[1] y dos enormes poetizas de Georgia del Sur, que se encargaron de un panel sobre “The Religious Market”. Una vieja señora dijo que ella escribía cuentos escabrosos con una mano y de escuela dominical con la otra, lo que me sonó cierto puesto que siempre sospeché que la misma mente producía ambos. Y dentro de todo esto, algo que brillaba: un viejo —el único hombre—, de Louvail, Ga., que asistió a todas las sesiones y trastornó cada una de las sesiones a las que asistió. Citaba largamente de Dickens y la Biblia y se apoderaba de la palabra con terrible tenacidad. Odiaba a las viejas señoras y éstas lo odiaban a él. Puedo presentir que aquellas sesenta monjas serán maravillosas.
[En inglés.]

William Burroughs. Así me lo imagino yo al viejo de Louvail, Ga.


*       *       *


2) Para Cecil Dawkins
4 de agosto del 57

No hay ninguna urgencia con el Critique. Nunca he vuelto a ver otra copia de esa cosa. Supongo que quebró; y si no, espero que lo haga antes de que llegue de nuevo hasta mí. Causa horrible desconcierto leer artículos de crítica acerca de lo que uno ha hecho — uno luego termina escribiendo como esa gente piensa que uno escribe. Sólo escucho a unos pocos en los que confío pero no muchos.

La semana pasada di una charla sobre el cuento en un Jamboree[2] de escritores aspirantes de la región. La mayoría ya tiene más de sesenta, con un ansia feroz por mostrarse, recibirán cualquier aliento que uno les dé, y sus trabajos son una fuente de inspiración. Al principio yo había pensado: estas serán las habituales señoras que escriben épica en dialecto negro[3], cosas del viejo Sur, etc. etc. Entonces me enviaron 7 manuscritos y yo tuve que elegir el mejor para leer en este taller. Bien, eran todas historias de televisión escritas en lenguaje televisivo para el mundo de la televisión. Los viejos ya no saben que el Sur existe. Quedé horrorizada. Muy malos los cuentos, por supuesto. Elegí el menos espantoso y alguien lo leyó y se lanzaron sobre él como buitres. Había un hombre ahí, un wool hat boy[4]  (el único hombre presente además del que oficiaba), quien hizo unos largos comentarios acerca de lo que Jesús había dicho a la mujer sorprendida en adulterio. Eso no venía a cuento de nada, pero de alguna manera encajaba dentro del esquema general. Había también alguien que había venido para “urgir a los escritores a que no usaran lenguaje degradante”. La gran atracción fue La Agente Que Vendió Para El Cine Lo que el Viento se Llevó. Siempre que se dirigió a mí lo hizo de “Tú” — ya fuera porque no podía pronunciar mi nombre o porque pensaba que no valía la pena pronunciarlo. Todos los Ringling Brothers[5]  juntos no habrían podido igualarnos.

Aquella granja suena como un proyecto considerable. Yo miro lo que pasa en ésta más que nada a través de la rendija de la puerta. Mi aporte se limita a juntar unos pocos huevos. Tengo algunos problemas en los huesos y estos últimos dos años he estado caminando con muletas; y supongo que deberé usarlas otros dos o tres años o más — pero cuando uno no puede ser muy activo físicamente, no hay otra cosa que hacer más que escribir, así que no hay mal que por bien no venga. En fin, siempre hay algo pasando para ver en la granja... Nunca leí a Hermann Hesse. Tengo una lamentable deuda con los alemanes.
[En inglés.]



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3) Para "A"
9 de Agosto del 57

[…] El jamboree en Atenas fue un verdadero circo. ¡Literatas! Y nada más que literatas, y créeme que son una tribu aparte[6]. […] Había cuarenta o cincuenta en la sala, y tres hombres: el hombre que oficiaba el asunto –Frazier Moore (que debía estar presente)–, un joven con el nombre de Phinizy Spalding y un viejo llamado Meadows, que vino desde Louvail, Ga., enviado por el Señor, estoy segura, para ser el azote de las literatas. Este viejo era un poeta y traía sus poemas en una bolsa de papel de tienda de todo por diez centavos; asistió a todas las sesiones que pudo y cada vez que le fue posible evitó que las mujeres tomaran la palabra. Luego de dar mi charla, leímos el mejor (el menos espantoso) de los siete cuentos. Esta tarea recayó sobre el señor Phinizy Spalding, pues la intención era que no se conociera al autor. Entonces, cuando estuvo leído el cuento, las muchachas lo discutieron. Sus comentarios fueron de esta naturaleza: “¡Ay, a mí me parecía que ese hombre era horrible!”, “¡A mí me encantó el hombre!”, “A mí me pareció que ELLA tenía razón”, etc. etc. etc. Y así durante media hora siguió la discusión; el señor Meadows sentado en silencio pero con los ojos que se le iban encendiendo. La señora P., que estaba enterada de lo mucho que le gustaba a Meadows hacerse con la palabra, siguió ignorándolo hasta último momento. Entonces lo dejó hablar. Debió haberlo dejado hablar antes. El señor Meadows dijo que él creía que el problema debía ser examinado atendiendo al sentido histórico, y entonces se embarcó en una larga recapitulación sobre lo que Jesús le había dicho a la mujer sorprendida en adulterio[7]. No había nada relacionado con el adulterio en el cuento, pero Meadows estaba de lo más entretenido. Cuando hubo terminado con eso, dijo que él había discutido este pasaje de la Biblia con una distinguida y refinada señora de Georgia —y al decirlo paseó una mirada significativa por todo el auditorio—; y esa dama habría dicho “¿Qué intención tuvo Él según usted?”, “Creo que lo que Él quiso decir es que algunos serían salvados antes que usted y yo”, respondió él. “¡Usted sabe que no!”, habría dicho ella. “Estoy persuadido de que sí”, dijo él. Entonces creí entender a dónde iba: el señor Meadows tenía la esperanza de que todas ellas estuvieran condenadas, las literatas. Sus ojos brillaban con una secreta sabiduría. La mujeres farfullaban por lo bajo que se sentara, pero él se mantuvo firme hasta que sonó la campana. El señor Meadows hizo que mi viaje valiera la pena. [En inglés.]



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To Thomas Stritch
1 August 57

If I said the old souls wrote epics in Negro dialect, I was bad wrong. They don’t know the South exists anymore. They are all writing television plays in television language and they are all nuts; and so was I after three hours.

My travels have this summer taken me as far as Athens, Georgia, where I spoke at a session of something called The Southern Writers’ Conference. However I was one of the lesser features. The big attractions were The New York Agent Who Sold Gone with the Wind to the Movies, and two giant-sized poetesses from South Georgia who conducted a panel on "The Religious Market.” One old sister said she wrote true-confession stories with one hand and Sunday-schools stories with the other-which sounds right to me as I always suspected the same mind produced them both. There was one bright spot in all this: an old man (the only man) from Louvail, Ga., who attended every session and broke up every one that he attended He quoted extensively from Dickens and the Bible and held the floor with a terrible tenacity. He hated the old ladies and they hated him. I can see that those sixty nuns would be wonderful.
 [Volver arriba.]



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To Cecil Dawkins
4 August 57

No hurry about the Critique. I've never seen another copy of that thing. I suppose it folded; if it didn't I hope it will before it gets around to me. It is awful disconcerting to read critical articles about what you've done-you find yourself writing like those people think you write. I listen to a few people I trust but not many.

Last week I went to give a talk on the short story at a Jamboree [of aspiring regional writers]. They are mostly all over sixty, bloodthirsty to sell, they will take any amount of encouragement, and their works are heavily inspirational. At first I had thought: these will be the usual old ladies writing epics in negro dialect, old South stuff, etc. etc. Then they sent me 7 manuscripts and I was to select the best to read in this workshop. Well they were all television stories written in television language for the television world. The old souls don't know the South exists. I was right shocked. Terrible stories of course. I selected the least awful and someone read it and then they descended on it like buzzards. There was one old man there, a wool-hat boy (the only man present besides an official), and he made some long remarks about what Jesus had said to the woman taken in adultery. This was apropos of nothing but it somehow fitted into the general picture. There was also someone there who had come "to urge writers not to use degrading language." The big attraction was The Agent Who Sold Gone with the Wind to the Movies. She referred to me throughout as "You" — either couldn't pronounce my name or didn't think it was worth it. Altogether the Ringling Brothers couldn't have couldn't have equaled it.

That farm sounds like a big undertaking. I watch what goes on on this one largely through the crack in the door. My contribution amounts to picking up a few eggs. I have had some bone trouble and for the last two years have been walking on crutches; I expect to be on them for two or three years more or longer — but when you can't be too active physically, there is nothing left to do but write so I may have blessing in disguise. Anyway there is always something going on on a farm to watch... I've never read Hermann Hesse. I'm sadly lacking on Germans.
 [Volver arriba.]



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To "A"
9 August 57

[...] The jamboree in Athens was a real farce. Penwomen! Nothing but penwomen and believe me they are a tribe apart; they are mostly over sixty, blood-thirsty to sell, they will take any amount of encouragement and their works are heavily inspirational. There were forty or fifty [women] in the room and three men, the man who was running the thing, Frazier Moore (he had to be there), a youth with the name of Mr. Phinizy Spalding and an old man named Mr. Meadows who came from Louvail, Ga., sent I am sure by the Lord to be a plague to the penwomen. This old boy was a poet and he had his poems in a paper bag from the ten-cent store; he attended every session he could and tried wherever possible to get the floor away from the ladies. After I had made my talk, we had read the best (the least awful) of the seven stories. This job fell to Mr. Phinizy Spalding as the author was not supposed to be known. Then when it was read, the girls discussed it. Their comments were of this kind: "I just thought that man was awful!" "I just love him!" "I thought SHE was just right" etc etc etc. This discussion went on for half an hour, Mr. Meadows sitting quietly but his eyes getting glittery. Mrs. P. who had heard how he liked to get the floor continued to ignore him until the last minute. Then she let him talk. She should have let him talk sooner. He said he thought the problem should be looked at historically, and then he launched into a long account of what Jesus had said to the woman taken in adultery. There was nothing about adultery in the story but he seemed to be having a good time. After he had told that, he said he had discussed this passage from the Bible with a genteel and reefined Georgia lady, cutting his eyes around at the audience, and [she] said, "What do you think He meant by that?" "I think He meant some of them folks might be saved before you and me", said [he]. "You know he didn't!", she said. "I reckon I know He did,", [he] said. Then I kind of saw the point: he hoped they might all be dammed [sic], all penwomen. His eyes were glittering with a secret wisdom. The women were growling under their breaths for him to sit down, but he held on until the bell rang. He was worth my trip. [Volver arriba.]



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Notas:

[1] Annie Laurie Williams. [Volver arriba.]

[2] Jamboree: reunión muy concurrida de gente que anda en lo mismo. El uso más común del término es para referirse a los Scouts.  [Volver arriba.]

[3] «Keeps a syphon wid de figgurs on de slate — de queerest figgurs I ebber did see. Ise gittin' to be skeered, I tell you. Hab for to keep mighty tight eye 'pon him 'noovers. Todder day he gib me slip 'fore de sun up and was gone de whole ob de blessed day». Un tramo de la conversación del negro Júpiter en el cuento El Escarabajo de Oro, de Edgar Allan Poe.  [Volver arriba.]

[4] No se trata de un anómalo viejo-niño con pasamontañas. Los términos wool hat boy, hillbilly (que ya encontramos antes en relación a la adaptación televisiva de «The life you save...») y redneck denotan tipos específicos de los Estados Unidos, de los cuales probablemente sean los rednecks los más reconocibles para el público no estadounidense. Se trata en los tres casos de blancos pobres. Los wool hat boys eran propios del estado de Georgia y se identificaban por un gorro de fieltro —wool hat—. Frecuentemente se encontraban en oposición económica y política con las clases gobernantes de Atlanta (capital del estado de Georgia), los llamados silk hats o gorros de seda. En 1892, los wool hats ayudaron a fundar en Georgia una brazo regional del Partido Populista. Eran granjeros acostumbrados al trabajo duro, cada vez más sofocados económicamente por fuerzas que estaban fuera de su control: pobreza de los suelos, precios bajos para las cosechas y medios de crédito que los reducían a una virtual esclavitud. Vivían según la Biblia y para ellos la gorra de fieltro era un signo de honradez, frugalidad y diligencia. [Volver arriba.]

[5] Los Ringling Brothers: un grupo de siete hermanos —Alfred, Albert, Augustus, Charles, Otto, John y Henry— que transformaron una pequeña compañia familiar en uno de los circos más grandes del siglo pasado.  [Volver arriba.]



[6] En el prólogo a los Cuentos Completos de Edgar Allan Poe, Cortázar menciona ciertos círculos literatios del Nueva York de mediados del siglo XIX. Supongo que la extrapolación será tal vez un poco exagerada. Dice Cortázar: «A lo largo de 1846 [Poe] va a circular activamente entre los literati, como se llamaba a las marisabidillas y escritores más conocidos de Nueva York. Aquel mundo era harto mezquino y mediocre, con honrosas excepciones. Las damas se reunían a leer poemas, propios y ajenos, e intrigaban entre sonrisas y cumplidos, procurando críticas favorables de los colaboradores de las revistas literarias». No se trasluce, en las cartas de O'Connor, que sus penwomen alcanzasen tales extremos de villanía.[Volver arriba.]

[7] Lo que le dijo Jesús a la mujer adúltera. Juan 8, 1-11: Mas Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el Templo, y todo el pueblo acudía a él. Entonces se sentó y se puso a enseñarles. Los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adulterio, la ponen en medio y le dicen: «Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Moisés nos mandó en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?» Esto lo decían para tentarle, para tener de qué acuasarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero, como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: «Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra». E inclinándose de nuevo, escribía en la tierra. Ellos, al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro, comenzando por los más viejos; y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: «Mujer, ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?» Ella respondió: «Nadie, Señor». Jesús le dijo: «Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más».  [Volver arriba.]


*Muchas de fotos fueron tomadas de Shorpy.com. Click sobre las fotos para verlas completas.

martes, 10 de febrero de 2009

Flannery O'Connor, Writing Short Stories. Parte 5.


Quinta parte del ensayo Writing Short Stories, de Flannery O'Connor. El ensayo nació en forma de charla, que O'Connor dio en una conferencia de escritores del Sur en 1957. En estos tramos finales es más notoria la presencia de un público a quien van dirigidas las observaciones. La Southern Writers' Conference era una especie de taller literario. O'Connor había recibido siete cuentos para leer de los participantes, y esta lectura la había sacado un poquito de sí. Son estos cuentos a los que suele referirse con frecuencia.

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Writing Short Stories (V)

Ahora bien, no soy tan ingenua para suponer que la mayoría de la gente que asiste a conferencias de escritores, lo haga para saber qué tipo de visión se necesita para escribir cuentos que lleguen a ser parte inmortal de nuestra literatura. Aun si éste fuera el caso, las cuestiones más urgentes que deben enfrentar ustedes ahora son de carácter práctico. Quieren saber cómo de verdad escribir un buen cuento, y quieren saber cómo darse cuenta de cuándo lo han logrado. Y, luego, quieren saber qué forma debe tener un cuento, como si la forma fuera algo externo y pudiera ser impuesto sobre el material. Por supuesto, cuanto más escriban, más claro les resultará que la forma es orgánica, que es algo que surge del propio material, que la forma de cada cuento es única. Si un cuento es bueno, no puede resumirse, sólo puede aumentarse. Y un cuento es bueno cuando pueden verse en él más y más cosas y sigue eludiéndonos. Tratándose de ficción, dos y dos es siempre más que cuatro.

Me parece que la única manera de aprender a escribir cuentos es escribirlos y tratar de descubrir luego qué es lo que uno ha hecho. Hay que pensar en la técnica sólo con el cuento ya frente a uno. El maestro puede guiar al estudiante mirando su trabajo individual, tratando de ayudarlo a decidir si lo que ha escrito es una historia cerrada, donde la acción ilumine completamente el significado.

Quizá, lo más productivo que yo pueda hacer ahora sea comentarles algunas observaciones generales que hice luego de leer los siete cuentos de ustedes. El conjunto de estas observaciones no corresponderá exactamente a ninguno de los cuentos, sin embargo hay ciertos puntos que nadie, interesado en la escritura, haría mal en considerar.

Cuando un escritor profesional lee algo, de lo primero de lo que es consciente es del manejo del lenguaje. Ahora bien, con una sola excepción, el manejo del lenguaje en estos cuentos fue de tal naturaleza que sería muy difícil distinguir un cuento de otro. Sé que me he tropezado con más de un cliché, pero de los siete cuentos no puedo recordar ni una sola imagen o metáfora. No estoy diciendo que no hubiera imágenes en los cuentos, sólo que no hay ninguna que fuera lo suficientemente efectiva como para impresionarme.

Relacionado con lo anterior, otra cosa me alarmó considerablemente. Con excepción de un solo cuento, casi no hubo empleo de la forma de hablar local. Ahora bien, es ésta una Conferencia de Escritores del Sur. Todas sus historias transcurren en Georgia o en Tennessee, sin embargo, no llega a sentir uno nada típicamente distintivo de la vida en el Sur. Figuran por ahí unos cuantos nombres, Savannah o Atlanta o Jacksonville, pero lo mismo daría que los reemplazáramos por Pittsburgh o Passaic, nada en el cuento sufriría por esta alteración. Los personajes hablan como si nunca hubieran escuchado otra cosa que el lenguaje televisivo. Esto indica que hay algo muy fuera de foco [1].

Dos cualidades distinguen a la ficción. Una es el sentido de lo misterioso, y la otra, el sentido de las costumbres. Este último se adquiere a través de la textura de la existencia que nos rodea. La gran ventaja de ser un escritor del Sur es que no necesita uno salir a buscar costumbres a ningún lado; buenas o malas, hay a montones. Aquí en el Sur, vivimos en una sociedad que es pródiga en contradicciones, en ironías, en contrastes y, particularmente, en sus modos de hablar. Y luego resulta que tengo aquí seis historias del Sur en las que casi ningún don de la región es aprovechado.

Es cierto que el abuso que suele hacerse de estos dones puede haberlos precavido contra su uso. Porque, peor aún que el que no acepta los dones de la región, es aquel que se revuelca viciosamente en ellos. Todo se vuelve tan sureño que asquea, tan local que es ininteligible, todo es reproducido con tanta literalidad que ya no transmite nada. En vez de ser expuesto, lo general queda oculto por lo particular.

Sin embargo, cuando la vida que nos rodea es por completo ignorada, cuando las pautas en el modo de hablar son pasadas absolutamente por alto, entonces algo anda mal. El escritor debe cuestionarse si no está acometiendo un tipo de vida que le es completamente artificial.


(Continuará.)

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Notas:

[1] Flannery O'Connor repetidamente expresa esa queja acerca del poder nivelador de la televisión, que borraba las diferencias regionales. En una carta del primero de agosto del 57 dice, refiriéndose a lo que le pasó con las escritoras de la Conferencia:
Si hubiera dicho que la vieja gente iba a escribir épica en dialecto negro, hubiera estado del todo equivocada. Ya no saben que el Sur existe. Están todos escribiendo historias para la televisión escritas en lenguaje televisivo, y están todos completamente locos [...]
[Volver arriba.]

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Páginas de la versión en inglés de Writing Short Stories para este post.




*Fotos de las chicas y los gatos de Shorpy.com

Flannery O'Connor, Writing Short Stories. Parte 3.


Tercera parte del ensayo Writing Short Stories, de Flannery O'Connor, donde se ve que lo mismo uno cría metáforas que animales, con el importante corolario de que Platón también criaba pollitos.

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Writing Short Stories (III)

Ahora bien, todo esto lleva tiempo. Un buen cuento no debe tener menos significado que una novela, ni debe su acción ser menos completa. Nada que sea esencial a la experiencia principal puede ser dejado de lado. Toda la acción tiene que quedar satisfactoriamente explicada en términos de motivaciones, y tiene que haber un principio, un medio y un final, aunque tal vez no en ese orden. Creo que mucha gente decide que quiere escribir cuentos porque los cuentos son breves, y al decir breves piensan que son breves en todo sentido. Creen que un cuento es una acción incompleta en la que muy poco es mostrado y mucho es sugerido, y creen que la manera de sugerir una cosa es omitiéndola. Cuesta sacar de este error a los escritores principiantes, porque creen que al omitir algo están siendo sutiles. Y cuando uno les dice que deben poner algo en el papel para que alguna cosa quede, piensan que uno es un estúpido insensible.

Quizá, la cuestión central en cualquier discusión acerca del cuento es explicar a qué se refiere uno al decir que son breves. Que algo sea breve no quiere decir que sea superficial. Un cuento debe tener profundidad y debe permitirnos experimentar un significado. Tengo una tía que piensa que en un cuento no pasa nada a menos que al final alguien sea asesinado o se case [1]. Yo he escrito un cuento acerca de un vagabundo que para apoderarse del auto de una vieja se casa su hija idiota. Una vez casados, el vagabundo lleva a la mujer de viaje de bodas, la abandona en un parador de la carretera y escapa solo con el auto. Sin duda, ésta es una historia cerrada. No hay nada más de la personalidad del hombre que pueda ser mostrado con este drama particular. Sin embargo, nunca fui capaz de convencer a mi tía de que el cuento estaba terminado. Mi tía quiere saber qué pasa luego con la hija idiota [2].
[2] Yo, que acabo de leer el cuento, siento la misma terrible preocupación que la tía. El cuento se llama The Life You Save May Be Your Own. En este link está la versión en inglés. Vale la pena leerlo.
No hace mucho, este cuento fue adaptado para televisión, y el adaptador, que conoce su negocio, hizo que el vagabundo se arrepintiese y regresara a buscar a la hija idiota, y que luego los dos, muy risueños, continuaran el viaje. Mi tía juzga que el cuento por fin está listo, pero yo tengo otra opinión al respecto, aunque no puedo manifestarla públicamente. Al escribir un cuento, es uno sólo el cuento que debe escribirse; pero siempre habrá quienes se resistan a leer el cuento así escrito [3].

Y esto, naturalmente, nos lleva a la desagradable cuestión acerca del tipo de lector para el que uno escribe cuando escribe ficción. Quizá, cada uno crea tener una solución personal para este problema. Yo tengo una opinión muy elevada del arte de la ficción y una muy baja opinión de lo que uno llamaría el lector promedio. Me digo a mí misma que no puedo escapar a este tipo de lector, a quien se supone debo mantener despierto. Pero, al mismo tiempo, sé que debo dar al lector inteligente una experiencia más profunda, que es la que este lector busca en la ficción. Ahora bien, en verdad estos dos lectores son solamente apariencias que asume la propia personalidad del escritor y, en definitiva, es él el único lector al que tiene acceso. Uno siempre escribe a la altura de su propio nivel de entendimiento, pero es una característica peculiar de la ficción que una misma superficie externa de palabras entretiene a cierto tipo de lector, en el obvio plano de lo físico, al mismo tiempo que lleva significado a quienes son capaces de experimentarlo.

El significado es lo que evita que un cuento sea verdaderamente breve. Yo prefiero referirme al significado de un cuento y no al tema de un cuento. La gente suele hablar del tema de un cuento como si el tema fuera algo comparable al cordón que sujeta una bolsa de comida para gallinas. Esta gente cree que si uno es capaz de asir el tema, en la misma forma en que uno sujeta el extremo correcto del cordón de una bolsa de comida para gallinas, entonces puede uno abrir, de un tirón, el cuento y alimentar a las gallinas [4][5]. Pero esta no es la manera en que el significado opera con la ficción.
[4] Tratándose de O’Connor, la metáfora con la bolsa de comida para gallinas no debe verse como un tropo rebuscado. O’Connor no sólo era experta en cuentos sino también en dar de comer a las gallinas. Cuando se retiró a vivir a la granja familiar, llegó a criar y alimentar a 100 pavos reales. Su fascinación por las aves la llevó a criar patos, gallinas, ocas y algunas aves exóticas. Describió a los pavos reales en un ensayo llamado The King of the Birds, e incorporó imágenes de estas aves en sus libros. Al final del post, con el número [5], incluyo una nota más extensa.
Siempre que uno pueda enunciar el tema de un cuento, siempre que uno pueda separar el tema de lo que es el cuento en sí, seguramente no se trata de un cuento muy bueno. El significado tiene que plasmarse en el cuento, tiene que hacerse concreto a través él. Un cuento es la manera de decir algo que no puede ser dicho de otra forma, y cada palabra es indispensable para definir el significado. Uno cuenta una historia porque la directa enunciación de una idea sería inadecuada. Cuando alguien pregunta de qué se trata un cuento, la única respuesta apropiada es decirle que vaya y lo lea. Tratándose de ficción, el significado no es abstracto, es significado que se experimenta. Y la única razón que puede haber para poner en palabras ciertas ideas acerca del significado de un cuento es para ayudarlo a uno a experimentar el significado más plenamente. (Continuará.)



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Notas:

[1] Otra idea que se repite casi con exactitud textual: qué cosa es un cuento y qué no. La cita siguiente está sacada de uno de los prólogos escritos por George Bernard Shaw, y estaría señalando una grave inclinación de la tía de Flannery por el atavismo:
[...] el mecanismo de la tragedia llega al siglo XIX proveniente de aquellos días en que [...] la vida era tan universalmente aceptada como institución divina que, para resultar en tragedia, algo espantoso tenía que ocurrir y alguien debía resultar muerto. [En google books.]
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[3] «O’Connor vio sus propios escritos distorsionados por las convenciones de la televisión. Con mucho recelo observó la venta de los derechos para televisión de su cuento The Life You Save May Be Your Own. Luego de vender los derechos en 1956, O’Connor vaticinó que los productores agregarían un final feliz, hecho a medida para alguno de los patrocinadores de la cadena: "Sin duda Mr. Shifltet [el vagabundo] y la hija idiota irán en un Chrysler y vivirán felices para siempre" [predecía O’Connor en una de sus cartas]. Si bien es cierto que los productores no llegaron a "hacer del cuento un musical", la adaptación emitida por la CBS a principios de 1957 estaba protagonizada por una estrella salida de los musicales, Gene Kelly, en el rol de Tom T. Shiflet. Ya los avances publicitarios permitían prever que la adaptación correspondería más a la versión de Hollywood de la vida en el Sur que al cuento de O’Connor. En sus cartas, O’Connor cita un aviso que describe la historia como una "backwoods* love history", y el propio Kelly decía "It’s a kind of hillibilly** thing in which I play a guy who befriends a deaf-mute girl in the hills of Kentucky". ["Es una cosa acerca de montañeses [hillbillies], yo interpreto a un tipo que traba amistad con una sordomuda en las colinas de Kentucky".] O’Connor agregó el énfasis para indicar la diferencia que ella veía entre su cuento y la adaptación». Jon Lance Bacon, Flannery O'Connor and Cold War Culture, pág. 130. [En google books.]
*Backwoods: zonas remotas, despobladas y, por lo común, selváticas o boscosas.

**Hillbilly: es un tipo característico de algunas regiones apartadas, rurales o montañosas de los Estados Unidos; el estereotipo de la persona haraposa, tosca, reservada, que desconfía y desprecia a los “forasteros”; sus pantalones tienen fondillos abotonados, se llaman entre ellos usando los vocativos Apa’ y Ama’, casan con sus hermanas, llevan un rifle de mecha y comen los animales que encuentran muertos en la carretera. EN EL CINE: Deliverance (1972), The Texas Chainsaw Massacre (1974), House of 1000 Corpses (2003). Más para el público infantil: Bugs Bunny en Hillbilly Hare (1950), Los osos Montañeses en Hillbilly Bears: War games (1965),
Cletus, el hillbilly de Los Simpson.

«O’Connor luego comentó: "I didn’t recognize the television version. . . Gene Kelly played Mr. Shiflet and for the idiot daughter they got some young actress who had just been voted one of the ten most beautiful women in the world, and they changed the ending just a bit by having Shiftlet suddenty get a conscience and come back for the girl". ["No reconocí la versión televisiva. . . Gene Kelly interpretó a Mr. Shiftlet, y lograron que una joven actriz, que había sido votada como una de las diez mujeres más bellas del mundo, hiciera el papel de la hija idiota; y cambiaron el final sólo un poquito, haciendo que Shiflet recapacitara súbitamente y regresara a buscar a la chica"]». Rosemary M. Magee, Ed., Conversations with Flannery O'Connor, pág. 90. [En google books
.]

El anuncio: “The Life You Save”. Tom T. Triplet es un encantador vagabundo, con un solo brazo, un hombre que ha estado en un montón de lugares y que ha visto cantidad de cosas. Pero nunca antes ha visto a nadie como Lucynell Crater, una sordomuda de angelical inocencia. Casarse era la última cosa en que pensaba mientras sus vagabundeos lo llevaban por una empobrecida región del Sur. La madre de Lucy trata, sin embargo, de convencer a Tom de las ventajas de casarse con una mujer incapaz de ser respondona. Actúan Gene Kelly, Janice Rule y Agnes Moorehead.

El programa se emitió el primero de marzo de 1957. Dos días después, Flannery O'Connor escrbía en una carta
Marzo 3, 57

Para Mrs. Rumsey Haynes

Muchas gracias por la publicación de TV dedicada al hermano Gene Kelly. Habiendo visto su actuación, debo decir que sus poderes actorales no han triunfado sobre mí. Nosotros no tenemos televisión pero Hermana, en el pueblo, sí tiene, de manera que fuimos hasta ahí para ver el programa. Ahora me felicito doblemente por no tener televisión. Lo mejor que puedo decir es que, concebiblemente, podría haber sido peor. Sólo concebiblemente. [...]

[To Mrs. Rumsey Haynes

Thanks so much for the TV paper about brother [Gene] Kelly. Having now witnessed his performance, I must say that I am not overcome by his acting powers. We don't have a television but Sister [her aunt], in town, does, so we went in to see the play. Now I am doubly glad we don't have one. The best I can say for it is that conceivably it could have been worse. Just conceivably.]
"Hermana" era en realidad una tía de Flannery. ¿Sería la misma tía de las opiniones tan radicales acerca de los cuentos, el casamiento y la supresión de personas? [Volver arriba.]

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[5] Transcribo a continuación el comienzo de una carta que escribe O'Connor a una de sus amigas escritoras, donde se registran detalles de su vida como avicultora:
Julio 16, 57
Querida Cecil,

Ciertamente eres muy amable al querer darme ese perro […] No te dije que es lo que crío: crío pavos reales, y uno no puede tener perros y pavos reales en el mismo lugar. Cuando la gente viene a vernos con un perro, tenemos que pedirles que dejen al perro en el auto, de otra forma los polluelos subirían a los árboles y padecerían postración nerviosa. Justo ahora tengo 27. Este lugar, por la noche, suena como si fuera la jungla, pues chillan y gritan al menor disturbio atmosférico o ruido mecánico. Además de los pavos reales, tengo patos, ocas y varias clases de gallinas; pero los pavos reales son el principal interés. Paso buena parte de mi tiempo sentada con ellos en los escalones de atrás. No tienen mucha idea de las circunstancias; tenemos un bello jardín que ellos podrían decorar ventajosamente, pero prefieren sentarse en el tractor o sobre el techo del gallinero o en la tapa de la lata de basura. Así que me ajusto a sus gustos, incluso en lo de ser anti-perros. Pero aprecio el que quieras darme uno. […]

[Dear Cecil,

You certainly are nice to want to give me that dog but I'll have to take the thought for the dog. I didn’t tell you what I raise: I raise peacocks-and you can't keep dogs and peacocks on the same place. When people come to see us with a dog, we have to ask them to keep the dog in the car — else the the peachickens will take the trees and have nervous prostrations. I have 27 right now. This place sounds like the jungle at night as they yell and scream at the slightest atmospheric disturbance or mechanical noise. In addition to the peafowl I have ducks and geese and several different kinds of chickens but the peafowl are the main interest. I spend a good deal of my time sitting on the back steps with them. They have no proper sense of place; we have a very nice lawn that they could decorate to advantage but they prefer to sit on the tractors or the top of the chicken house or the garbage can lid. So I adjust myself to their tastes, including being anti-dog. But I do appreciate your wanting to give it to me.]
[Volver arriba.]






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Páginas de la versión en inglés de Writing Short Stories para este post.



*Fotos de las mujeres y del pollito de Shorpy.com